lunes, 24 de julio de 2017

El pájaro y la flor - Nando Pilgrim



Lentamente la flor abrió los ojos y miró alrededor. La primavera había llegado y sus pétalos lucían brillantes, nuevos, espectaculares. Se sintió orgullosa de su vestido y se comparaba con las demás flores, pero pronto se dio cuenta de que estaba sola y poco a poco se fue entristeciendo. No tenía con quien compartir la alegría de verse tan guapa.

De repente llegó un pajarito buscando semillas. Era apenas un polluelo que estaba aprendiendo a volar.

—Hola —dijo la flor.

—Hola —le contestó el pajarito—. Estás muy elegante.

—Gracias —respondió la flor enrojeciendo(un poco más).

Día a día el pajarito iba a visitar a la flor, y esta se sentía muy halagada. Pasaban largas horas hablando sobre cualquier cosa, y a veces incluso ni hablaban, simplemente se hacían compañía. Y la amistad fue creciendo, y pronto significó algo más. El pajarito también crecía al mismo ritmo que su cariño, y  no tardó en convertirse en una apuesta ave de bello plumaje. La flor se esforzaba por ofrecerle en cada visita los pétalos más brillantes y una fragancia más dulce, mientras que el pájaro en las tardes más calurosas le llevaba un poco de agua en el pico y la dejaba caer a los pies de la flor.

Y pasó la primavera, y los días de verano se esfumaban como por arte de magia.

De pronto el pájaro anunció que se tenía que marchar.

—¿A dónde vas? —le preguntó la flor.

—A otras tierras, donde el invierno es más generoso.

—Pero si te vas, me marchitaré.

—Si me quedo, moriré.

La flor intentó por todos los medios convencer al pájaro para que se quedara junto a ella a pasar el invierno, pero el ave razonaba de forma muy convincente.

—Tú te vas a marchitar más tarde o más temprano, y yo no podré ayudarte. Y cuando eso pase, el invierno ya habrá llegado y no me podré marchar con los míos, y moriré de hambre y de frío.

Finalmente, la flor comprendió los argumentos del pájaro, y admitió que tenía razón. Y el ave un día se despidió y emprendió el vuelo hacia el sur.

Ese día ambos sintieron cómo morían un poquito en su interior.

Y ninguno de los dos tuvo la culpa, porque a veces ni el amor puede cambiar la naturaleza de cada ser.


 Nando Pilgrim | Escritor



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