martes, 17 de enero de 2017

Soñar despierto - Celia Racero



Cuando era una cría dejaba volar mi imaginación durante horas pensando en sueños hechos realidad. Cada vez que los cumplía, todo mi mundo se llenaba de luz. Sentía que todo lo que tocaba brillaba y mi camino florecía mientras contemplaba su belleza. En cambio, cuando todo lo que soñaba se quedaba en eso, un simple sueño reprimido hacía que todo mi mundo se desbordase, deshaciéndose poco a poco hasta no quedar ni rastro de él.

Durante muchos años escuché estas palabras de diferentes bocas: deberías dejar de soñar despierta y salir de tu mundo interior. Si no sufrirás mucho. Sé realista, crece. 

En el colegio, mientras todos los alumnos atendían, yo me sumergía en mis pensamientos. Reflexionaba sobre cuál era mi vocación e imaginaba que mis pies se encontraban bajo el agua cristalina perteneciente a la isla más desierta. Deseaba conocer nuevas personas que me enseñasen el verdadero significado de la amistad y fantaseaba con el amor que me acompañaría en todas las fases de mi vida. Los profesores, preocupados por mi falta de atención, intentaron explotar mi burbuja, pero nadie fue capaz de atravesar su fuerte barrera.

Esta mañana me miré en el espejo. Ya no soy una niña y estoy hecha toda una mujercita. Hoy me llenaré de valor para decirles a aquellas personas tan ``realistas´´ que están totalmente equivocadas. No renunciaré a algo que me hace sentir tan viva, tan sensible y que me permite ser tan yo. Una persona sin sueños moriría por dentro lentamente y es una de las cosas más tristes de este mundo. Si para madurar y tener los pies en la tierra tengo que renunciar a ello, prefiero seguir volando sobre las nubes. 



Celia Racero | Escritora y Técnica en Integración Social



lunes, 9 de enero de 2017

El beso - Desirée Fernández





El escritor mexicano Octavio Paz escribió que "un mundo nace cuando dos se besan". Y en esto pudo estar el comienzo de la historia del beso. Una de las teorías sobre su origen reside en el traspaso de comida entre primates, cuando las hembras masticaban comida y la pasaban a su cría directamente por la boca para alimentarla. Se habla también de que su origen se remonta hasta la época del Cromañón, cuando la hembra alimentaba a sus pequeños masticando la comida hasta hacerla puré que luego pasaba de su boca a la de su cría.

El beso es una práctica tratada como un convencionalismo social de distintas culturas, notablemente estimado en occidente. El beso, además de expresar sentimientos de afecto o intenciones sexuales, también manifiesta sentimientos de lealtad, admiración o respeto. El beso también constituye parte fundamental en el código social de etiqueta, las creencias populares, y las prácticas religiosas en las culturas de distintos países.

El significado del beso es distinto en cada cultura, y también a lo largo de la historia. En la Antigüedad, entre los persas, los hombres se daban besos en la boca, pero solo se permitía para personas de un mismo nivel social. Si dos hombres eran considerados jerárquicamente inferiores, el beso debía ser dado en la cara.

Hasta la segunda mitad del siglo IV a.C., los griegos sólo admitían besos en la boca entre padres e hijos, hermanos o amigos muy próximos. Por otro lado, los celtas tenían la creencia de que el beso tenía propiedades curativas. Así como en ciertas tradiciones religiosas de oriente, el beso sería una manera de dar y recibir energía espiritual.

Antiguamente en Inglaterra, al llegar a casa de alguien, el visitante besaba a los anfitriones, a todos los hijos y hasta a las mascotas. Por su parte, en Escocia, el padre besaba los labios de la novia al final de la ceremonia de casamiento. Se decía que la felicidad conyugal dependía de esa bendición en forma de beso.

En el período del Renacimiento, el beso en la boca era una manera de saludo muy habitual. En el siglo XV, los nobles franceses podían besar a cualquier mujer que quisieran. Mientras, en Italia, si un hombre besaba a una dama en público, estaba obligado a casarse con ella inmediatamente. En Rusia, una de las más altas formas de reconocimiento oficial era darle un beso al zar.

El beso con el paso del tiempo pasó de ser una muestra de afecto a ser también una expresión de amor hacia la otra persona. No obstante, en la actualidad aún hay lugares donde está prohibido hacerlo en público como Dubái, Malasia o Iowa (donde no se permite besarse por más de 5 minutos o, si no, las personas implicadas podrían ser multadas e incluso ir a la cárcel), entre otros.

Hay tantos tipos de besos como almas dispuestas a darlos, por ejemplo, besos curiosos: el beso esquimal donde se frotan las puntas de las narices de las dos personas, o el beso mariposa en el que se frotan las pestañas en la mejilla de la otra persona.

Si por una vez los antropólogos y científicos coinciden con los poetas, el beso debe ser reivindicado en un mundo cada vez más seducido por la distancia cibernética y la ceguera de lo material.




Desirée Fernández | Pedagoga