miércoles, 9 de diciembre de 2015

Conejo blanco
María Dorado

 
 
 
 
Hoy estuve preguntándome por qué, por qué todo. Deberíamos seguir sorprendiéndonos como un niño al ver un globo, o al recibir su primer baño. Al igual que nos sigue maravillando el mago sacando un conejo blanco de un sombrero vacío, no sabemos cómo ha llegado ahí, pero está. Es cuestión de magia.
 
Y yo me pregunto entonces, por qué la gente no se sorprende de que nosotros estemos aquí, que hayamos aparecido de la nada en este sombrero vacío y que fuimos llenando poco a poco. Muchos filósofos se atrevieron a desafiar las teorías y mitos religiosos que solo daban respuestas fáciles al por qué, respuestas inventadas, sin fundamento científico. Ellos fueron más allá, averiguaron que nuestro sombrero era redondo y giraba alrededor del sol, formando parte de un universo. Visto así, nosotros quizá no seamos el conejo, sino minúsculos pelillos de su oreja. Y aun así hay gente que no se asombra de estar paseando por un parque, nadando en un inmenso mar o respirando en lo alto de una montaña.
 
Quizá estemos demasiado ocupados preguntándonos por qué no funciona el wifi. Quizá estemos demasiado habituados a la «normalidad» de vivir en este sombrero negro, porque ya nada nos mueve por dentro, creo que cuanto más mayor te haces, más te adentras en la piel de ese conejo, y perdemos la curiosidad por la vida. Dejamos de preguntarnos y de preguntar al resto.
 
Deberíamos pensar que la única diferencia que existe entre nosotros y el conejo blanco, es que este no sabe que forma parte de un juego de magia…

 
 
 María Dorado Guionista, Redactora y Foto-reportera