lunes, 16 de noviembre de 2015

Asombro y curiosidad
Martinowsky

http://colaboradoresdech.blogspot.com.es/2015/11/asombro-y-curiosidad-martinowsky.html


Ver la cara que pone un niño cuando algo le produce asombro es una de las escenas que merecen ser inmortalizadas (fotografiadas) para la posteridad. Si ese asombro permanece, en su mente se abrirán ventanas que le sugerirán preguntas. Su casi inevitable "¿por qué?" indica que se está despertando en él algo tan mágico  y maravilloso como la "curiosidad".

Imaginar lo que pasa por su cabeza al ver cómo cambia de color un jugo de lombarda tras ponerle algo de bicarbonato, o unas gotas de limón, o vinagre, por ejemplo, y escuchar su alegre sorpresa acompañada de un "ohhhhhhhh", es el principio de algo muy importante. Con toda seguridad, en algún momento de su vida, lo recordará con nostalgia.
 
Para muchos, provocar ese asombro es la esencia del "educar". Otros, con igual razón, definen la tarea de padres y educadores con una frase, "Educar es preparar para cuando no estés tú". 

Hay quien confunde educar con prohibir en lugar de con guiar. Tienen algo en común pero son cosas diferentes. Y en esa diferencia radica gran parte de su futura personalidad y actitud ante la vida. Un niño puede jugar con muchas cosas, pero no todas tienen la misma importancia. Matar marcianos en una consola no es lo mismo que leer las aventuras de un explorador en la jungla. 

Muchos recuerdan la primera vez que vieron una brújula, o una lámpara encenderse tras ser conectada a una batería de bolsillo. Dicen que todo lo que hacemos en nuestra vida no es más que intentar realizar los sueños que tuvimos en nuestra infancia. O que la diferencia entre los niños y los adultos está en el precio de los juguetes.

Si queremos que nuestros futuros herederos del planeta no sean crueles y despiadados buscadores de dinero por encima de cualquier otra cosa sino alegres seres  creativos y solidarios, debemos educarles bien. Y fomentar la curiosidad es una parte esencial para ello. De lograrlo, tal vez no confundan valor con precio y disfruten intentando alegrar la vida de los demás.

Si lo hacemos, seguro que algún día recordarán la primera vez que vieron un color violeta convertirse de pronto en azul tras ponerle, en un vaso de cristal, un poco de bicarbonato. Puede que lo recuerden cuando les den algún premio por descubrir algo interesante para la ciencia, o útil para los demás. O cuando repitan ese mismo "experinvento" con sus hijos y reciban un premio mucho mayor que el dinero en la forma de una sonrisa asombrada.





 Martinowsky | Filósofo y Escritor


martes, 10 de noviembre de 2015

¡Me olvidé!
Desirée Fernández



¿Cuántas cosas olvidará al acabar el día de hoy?, ¿recuerda dónde dejó sus llaves?, ¿con quién estuvo el fin de semana pasado? Recordar y olvidar son parte de nuestro calendario. Hay cosas que olvidamos fácilmente así como hay otras de las que siempre nos acordamos pase lo que pase, ¿cuál es la razón de esto?

Los motivos del olvido pueden ser diversos, según la investigadora Elizabeth Loftus podríamos hablar  de  cuatro  causas  principales:  fallo  en  la  recuperacióninducciones  (cuando  los recuerdos compiten entre ellos), falta de almacenamiento y olvido motivado (por supresión o represión) a causa de experiencias traumáticas o perturbadoras para el sujeto.
Borramos los recuerdos baladíes que compiten por sobrevivir frente a aquellos recuerdos asociados a un objetivo relevante en la vida de uno/a   y que se asentaron en la memoria a largo plazo. Borrar recuerdos competitivos en el día a día confiere mayor capacidad cognitiva para conservar los importantes.
Por otro lado, el estrés también influye en la pérdida de memoria y en el consiguiente olvido de ciertos hechos. Los problemas anímicos perjudican lo atencional en el periodo de la adquisición de la información, por lo que después nos cuesta recordar.

Galeano introducía uno de sus hermosos textos con la palabra recordar a la cual seguía: “del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón”. Aquello que recordamos es lo que se nos graba adentro, ya sea por poseer una información relevante para el individuo o por haber significado algo importante en su vida. Quizás un detalle, un lugar…, elementos que pueden parecer insignificantes a priori logran quedarse en nuestra memoria para siempre. En lo referente al ámbito  educativo,  se  afirma  que  cómo  mejor  se  aprende  es  haciendo,  es  decir,  siendo partícipe del aprendizaje, involucrándonos, ya no solo mentalmente si no emocionalmente ya que emoción y aprendizaje van de la mano.

En cuanto a los malos momentos cómo pérdidas, desamores, acontecimientos de gran tensión, etc.,  solemos  querer  que  pasen  y  olvidarlos  por  completo,  aunque  de  ellos  también  se aprende. Como dice el escritor Palahniuk en su última novela, “mejor tener malos recuerdos que no tener ninguno”, o ¿qué pensáis vosotros/as?


Desirée Fernández | Pedagoga



viernes, 6 de noviembre de 2015

Los antiguos griegos
Martinowsky


Parecía que los filósofos griegos estaban ya superados y que sólo decían incoherencias: que si el cosmos se compone de cuatro elementos (agua, aire, tierra y fuego), que si existe un mundo de las ideas y otro real, que si la tierra descansa sobre una tortuga... y cosas por el estilo. Se estudiaban como curiosidades históricas pero sin aplicaciones en la vida real.

Pero resulta que algunas de sus ideas son mucho más modernas de lo parece y su actitud ante la vida puede resultar muy interesante. Filosofía significa amor a la sabiduría pero también es una actitud vital o forma de ser. Los filósofos griegos aspiraban a liberar la humanidad de sus miedos (a la enfermedad, la soledad, la muerte, la pobreza...) . Fueron los primeros que aplicaban  una especie de psicoterapia.

Enseñaban a alcanzar la independencia y la libertad interior, a no hundirse por el dolor, por los fracasos del pasado, por las preocupaciones del futuro o por los golpes del destino. El filosofo debía aprender a mantenerse siempre en el presente, sin preocuparse por el futuro incierto. No era un estado definitivo y duradero sino algo penoso de conseguir, con altibajos y momentos de pérdida de la lucidez. Su concepción del valor de la riqueza debería ser de obligada lectura para muchos de los brokers sin sensibilidad de la Bolsa de New York.

Repasando algunas de sus frases se observa que tienen una enorme utilidad para la vida diaria: “el momento es tan valioso como toda una duración infinita”, y pensarlo es un remedio contra la apatía". “Cada momento de la vida humana merece la pena y es digno de nuestra atención plena”.

Enseñaban el arte de disfrutar de la vida. Tal vez sea conveniente volver a ellos de vez en cuando, y un absurdo quitarlo como asignatura en la formación de los adolescentes.



 Martinowsky | Filósofo y Escritor